La sesión empezó como empiezan muchas: gente conectándose desde distintos países, cámaras apagadas, micrófonos en silencio.
Pero no iba a ser una clase más.
Desde el primer minuto quedó claro que aquello no iba de Power BI.
Iba de algo anterior. Y mucho más incómodo.
Durante años, empresas enteras habían hecho lo mismo: abrir la herramienta, cargar datos, crear gráficos. El resultado siempre era parecido: informes llenos de números, dashboards espectaculares… y decisiones mediocres.
El problema no era la herramienta.
Era el enfoque.
Salvador no habló de visuales. Habló de preguntas.
De esas que casi nadie formula antes de empezar un proyecto.
De las que obligan a pensar qué decisión se quiere tomar antes de diseñar nada.
Mostró un cuadro de mando de ventas. Sencillo. Limpio.
En tres clics se pasó de una desviación anual de objetivos a una tienda concreta, a un producto, a un ticket específico. No había magia. Había modelo.
Y detrás del modelo, una idea olvidada:
si no entiendes tu estructura de datos, ningún DAX te va a salvar.
Apareció entonces el bus dimensional.
No como teoría académica, sino como mapa mental.
Una forma de ver de un vistazo qué análisis tienen sentido… y cuáles son incoherentes aunque “funcionen”.
Después llegaron los casos reales:
logística, inventario, finanzas.
Una farmacia reduciendo 30.000 € de stock sin perder servicio.
Un ratio financiero que llevaba, clic a clic, hasta el apunte contable que lo explicaba.
Un modelo que no parecía una estrella… pero lo era, porque respondía al negocio, no al libro.
La sesión cerró con una frase que lo resumía todo:
Complicar es fácil.
Simplificar es difícil.
Y por eso tiene valor.
Los datos dejaron de gritar.
Por fin, empezaron a decir algo útil.
👉 Profundizar en modelado y DAX con criterio, no como recetas sueltas, sino como un sistema coherente.
Todo ese recorrido está aquí:
https://www.namasdata.com/collections/modelado-dax




Deja un comentario